Luego de conversar con el vejete-marica, pensé en los colegas-hombres que hubieran llevado una vida gay de forma abierta; o que hubieran hecho algún recorrido bisexual. Es increíble como la educación heteronormada influye en ese sentido. En el caso de los tres amigos, lograron consolidar una amistad homoerótica que se ha mantenido durante épocas. Las esposas de los otros dos tíos parecieran no sospechar o ser indiferentes a la conducta de sus heteromaridos. Desde luego, si la rutina es que todas las tardes de los sábados los tíos se encuentran para jugar a las cartas y regresan puntuales para la cena familiar, pues como que no es sospechoso.
Mi padre acostumbraba a jugar a las cartas en distintos bares del barrio los sábados por la tarde. Cuando se hacía la hora de la cena, mi madre me obligaba a buscarlo y como el viejo no salía de un circuito de bares dentro del barrio, pues lo encontraba con facilidad. De hecho, nunca regresé a casa sin él. Nunca pensé que mi padre tuviera otra familia o que estuviera de putas o putos. A lo mejor tuvo una vida monógamamente aburrida, dedica al trabajo, a Dios y a la familia. Quizás una que otra mañana se escaparía al Cine Duque de Alba, eso nunca lo sabré.
Estaba en estas cavilaciones cuando mi polla comenzó a ponerse morcillona de nuevo. Había tenido un encuentro lleno de morbo, saliva, besos y caricias con los vejetes; pero la polla me pedía más. Me extrañó que me apetecía ser activo, pues me había predispuesto a ser versátil; pero como al cuerpo hay que darle alegría y cosa buena, decidí dar una putivuelta para ver que conseguía. En la mayor parte de la sauna hacía frío, no había suficiente calefacción. La zona caliente era literalmente, la más caliente: en la pantalla del cine y sus laterales.
Me acerqué a la zona de glory holes, pero no había nadie. Volví a introducir mi polla y me imaginé lo placentero que sería. Luego me pasé hacia el otro lado que estaba oscuro y que deduje que era la zona de mamar. También me puse en posición de mamador e intuí que no iba a ser fácil mantenerse mamando. Tendría que agacharme o arrodillarme y ambas posiciones me cansarían rápidamente. Pensé en comprar una banco o una silla plegable, así podría sentarme a mamar largo rato; pero creo que el arnés, el suspensorio, el plug, los condones, el lubricante y la silla era como muchos artilugios para estar dando vueltas por la sauna.
Me senté en el sofá que estaba frente a la pantalla a ver porno; es decir, veía porno sin verlo. En realidad estaba esperando que apareciera algún tío y pasar el rato. Para ser sábado y cerca de las 17 h el día estaba muerto. Habían entrado varios vejetes, pero se quedaban en el segundo piso, hacia la zona de apartados. Tampoco es que fueran mucho, por lo que la putienergía estaba dispersa. Pensé en volver al casillero, buscar el lubri y el plug y jugar conmigo mismo un rato; pero en eso apareció un tío delgado, edad entre 30 y 45 años. Ya sabéis que en la penumbra es muy dificil determinar la edad de los tíos. El tío delgado me preguntó si me podía sentar con él. Yo no le respondí con la voz, saqué de un lado del suspensorio mi polla.
La maravilla del lenguaje corporal. El tío se sentó junto a mí, me ofreció una divina mamada. Chupó y acaricio huevos y culo. Estuvo mama que mama entre el capullo, un rato los huevos, un rato su lengua en el culo mío; luego era pezones y repetía. Estuvo así un buen rato. No me quería correr, pues quedaba los glory hole pendiente; pero en todo el tiempo que estuvimos en nuestra faena no pasó ningún cristiano. Me corrí en la boca del tío delgado. Se tragó mi lefa y lo agradeció.
Aunque no había probado las delicias de los glory estaba satisfecho. Me di una ducha y regresé al hotel. Al día siguiente era domingo de puteo y volvería de nuevo a la Sapiens. Y allí sí, probaría los glory como activo y putipasivo.