Las tres bocas se repartieron muy bien los territorios. Uno a cada lado, otro se dedicaba al glande. Al ser el glory hole de un tamaño digno, las bolas entraban son inconveniente, lo que permitía a cada boca tantear con las bolas. En algunos momentos la polla era el pretexto para que esas bocas anónimas se encontraran. En varias ocasiones sentí como la boca del centro compartía mi polla con la boca que está a su izquierda o derecha. En todo momento, mi polla era excusa para que las bocas se encontraran entre ellas. Era una situación llena de morbo y placer.
Me dejé llevar. Todo era placer. Había imaginado que el los glory hole tenían su encanto y su morbo. Lo que más me gustó fue el enorme placer del anonimato absoluto. Es cierto que, cuando uno está en una sauna o cine de cruising, el sexo es anónimo. Pero siempre queda una mirada, algo que te hace recordar o reconocer a la persona después de que has tenido sexo. Sobre todo me pasa al salir de saunas de vapor. Todo en penumbra, pero hay alguna silueta o olor que te permite reconocer a la persona con la que estuviste. El glory hole no permite eso. Es el placer a su máxima expresión de descorporización. El cuerpo, tu cuerpo, es la excusa para sentir placer. Y hay otro, el que mama, que también lo disfruta.
Estaba en estas puticavilaciones, cuando pasa detrás de mí un tío, como de unos 30-35 años. Cabeza rapada. Pasa raudo y veloz detrás de mí, no sin detenerse unos minutos y acariciar mi trasero. Yo tengo los dos brazos en alto, sosteniendo el cuerpo con la punta de los pies y haciendo presión con mi polla y bolas al otro lado. El tío saca un cipote que, ¡madre mía! ¡un revienta muros! Polla clásica regordeta y grande que está muy bien para pajear e incluso, para lamer el capullo; pero prohibida para el culo porque puede matar a un pobre cristiano.
Como solo había tres bocas, intuí que una de las bocas se entretendría con la nueva polla que acababa de llegar. El tío pollón, que acababa de llegar, me dice: ¿y cómo ha ido la tarde? Yo le digo que fantástico. El tío estaba por responder cuando pega un gemido de placer. La boca que estaba a mi derecha, se fue con la nueva polla que acababa de llegar. Me parece justo. Entonces, las dos bocas se dedicaron a jugar con mi polla. Había más territorio en expansión y se incluyó una mano que pajeaba y apretaba los huevos con encanto y placer.
Estaba por correrme. Pero, era mi primer glory hole. ¿Cuál es el protocolo? ¿Tenía que sacar mi polla antes de correrme? ¿Tenía que avisarle a mi mamador? De ser así, se perdía el encanto del anonimato. ¿Qué hacer? En estos casos, dijo una vocecilla dentro de mí, córrete y punto.