jueves, 3 de marzo de 2022

Putituristas [Naked Bar Madrid]

 


_Quiero que me folles mientras le como la polla a mi marido. 


Los dos turistas eran pareja. 


Mark, el que habló, tenía un pésimo español, pero una polla hermosa, dura, larga sin llegar a ser extravagante. El marido se llamaba Jeff, y a pesar de tener una polla corta, la longitud era compensada por el grosor. En medio de la oscuridad, la polla apetecía al paladar, por lo cual, entendí lo que deseaba Mark: disfrutar del goce anal mientras satisfacía el gusto.  


Yo estaba en modo zorra-en-celo. No perdimos tiempo, no buscamos un lugar para estar ocultos. En el primer rincón oscuro que encontramos Jeff se quedó de pie, mirando al vacío mientras Mark le comía la polla, dejaba su culo a mi disposición. Mark tenía las piernas torneadas, era delgado, de menor estatura que yo y un culo que no olvidaré en mucho tiempo: pequeño, redondo, lampiño y agradable.

  

Hice algo que no acostumbro: lubriqué su culo con mi lengua. ¡Sí, soy guarra! ¡Me dejé llevar por la lujuria! El culo estaba limpio y, sobre todo, lubricado. No parecía que le hubieran dado caña, pero había tomado el tiempo para dejar el culo listo para la penetración. Me puse una goma, más lubri sobre la goma y entró con suavidad. Yo respiré profundo. Nunca antes me había percatado de lo delicioso que es follar un culo mediano, casi pequeño, pero que esté lubricado.  


Mpolla le abría las entrañas. Le pregunté en inglés si le gustaba, si quería que fuera más lento. Solo respondía con murmullos que traduje como “¡Macho! ¡Revienta el culo!”. Yo decidí follarlo con suavidad. Lo tomé por la cintura y era placentero sentir esas caderas estrechas y el culo dispuesto. Le magreé los cojones y la polla, su glande chorreaba presemen 


A nuestro alrededor otros machos estaban en lo suyo, de vez en cuando pasaba uno que otro que me magreaba el trasero. ¡Y yo me tenía que dejar! ¿Qué iba a ser? De pronto pensé que este sería una pareja con problemas y quizás este trío, este ménage a trois estaba salvando un matrimonio.  


Yo continuaba degustando ese culo. Me entretenía disfrutando como mi polla entraba y salía con lentitud. Cada tanto tiempo dejaba que mi glande descansara en la cavidad anal, entre el músculo del esfínter externo y el músculo del esfínter interno. Yo sentí que, en esos momentos, Mark disfrutaba de mi polla, creo que no le gustaba tanto la penetración profunda o la exploración hacia su próstata, él prefería que me quedara allí, la superficie era suficiente para dar placer. Como era más bajo que yo, de vez en cuando jugaba con sus pezones mientras le metía toda la polla. 


De pronto, Mark me pide que lo pajée, que se va a correr. Lo hago con suavidad, sin sacar mi polla de su culo, aunque en ese momento estaba yo tan zorra que me hubiera puesto de rodillas y me tragaba toda la lefa.  


¡Y se corrió! 


Mantuve mi polla en penetración profundacomo no pasaba desde hace años, sentía su eyaculación a través de su culo. ¡Qué culo tan fuerte!, pensé. Mark no soltaba de su boca la polla de Jeff. Por mi parte, yo estaba sorprendido de mi resistencia y aguante, yo hubiera podido correrme, pero no quise. Además, me apetecía aún que un macho me follara.  


Mark pide que salga. Saco la polla, procuro magrearle el pecho, pero me dice que quiere descansar. Veo aún la polla erecta de Jeff y decido también mamar, pero muy gentilmente me dice que se ha corrido en la boca de Mark. ¡Pues me toca esperar otra ronda o que aparezcan otros machos!, me dije. 


Vamos los tres al lavabo. Yo camino orgulloso con mi polla erecta, en acecho de otra víctima. 

 

(Continuará) 




jueves, 17 de febrero de 2022

Polla erguida



Dejé amayorcete y al chaval, quienes se la estaban pasando bien. Pasé por los lavabos, en donde recibí una mamada de un chico de aspecto latino. Era de buen mamar, pero no quise dedicar todo el tiempo a él. Lo dejé, no sin antes devolverle el favor. Comí su polla, era larga, pero delgada y algo curva hacia la derecha; nada mal.

Cuando salí, habían llegado algunos tíos nuevos. Identifiqué a varias parejas o en su defecto, amiguetes que habían ido a pasarla bien. Tengo la impresión de que cuando a las saunas o clubes de sexo van muchas parejas, buscan intercambio con otras parejas, cosa que mola si dejan participar o por lo menos, ver el espectáculo. Pero pasó una vez, ya no recuerdo en dónde, fue una tarde de muchas parejas y los que íbamos solos, pues quedamos fuera de los juegos. Es como todo, se trata de la química, la gente y el momento. 


De estas tantas parejas, me encontré de frente a dos tíos quienes me abordaron sin ningún tipo de pudor. Uno, el que estaba a mi derecha, comenzó a magrear mi pecho y pezones. El que quedó a mi izquierda, se arrodilló y comenzó a comer mi polla. Era de mamar delicado, pero continuo. Con mi mano derecha le devolví el pezoneo al tío de mi derecha, mientras que con mi mano izquierda, acariciaba la cabeza que se engullía mi polla, comía como si de ello dependiera su vida. A pesar de la oscuridad, vi que ambos tíos eran pollones y que entraban en la categoría “tamaño promedio, tirando a grande”, aunque como muchos de vosotros sabéis, solo hay una manera de averiguarlo. Así que me puse de rodilla frente a dos hermosas pollas que degusté con placer, dulzura y delicadeza. Ambas eran de capullo grande, de buen gusto, aunque el que estaba a mi izquierda tenía demasiado pelo y el olor del pelambre no era agradable, por lo cual, me concentré en la otra polla que tenía poco pelo, se había rasurado algunos días atrás, había crecido el pelo, pero no estorbaba. 


Estuvimos los tres intercambiando mamadas. En algún momento quedamos los tres de pie, tocando nuestras pollas e intercambiando nuestras lenguas. De pronto, los tres sentimos la necesidad de dar de mamar a los otros dos y sin pensarlo nos arrodillamos al mismo tiempo. ¡Nos hemos muerto de la risa! ¡Qué putos todos! ¡Qué hambrientos todos! Pensé que el momento de follar había llegado. Me pareció que teníamos la confianza para compartir caricias anales, así que dije: 


_ ¿Follamos? Si queréis, podéis follarme primero. 

_ Más tarde –dijo el que estaba a mi derecha-. Queremos probar otras pollas. 


Y así, como habían aparecido de la nada, así desaparecieron.  


Me dejaron plantado en la penumbra, con la polla erecta, mirando avacío. Me volteo para dar otra putivuelta, así mismo: con la polla erguida como estandarte de guerra,  cuando en menos de dos pasos, aparecen de la nada dos putituristas. 

 

(Continuará) 






jueves, 3 de febrero de 2022

Llueve sobre Madrid


Noviembre de 2021, semana del puente. 

Llueve sobre Madrid. La Montse pasa la noche en casa de sus padres, así que yo le digo que me voy de cañas con los colegas, que llegaré a casa de madrugada, excusa perfecta para volver al Naked. Cada sauna o local de sexo tiene su público y sus características. No sé definir las del Naked porque, por lo general, es un grupo muy heterogéneo, aunque con frecuencia ligo con los tíos maduros. Llego pasada las 9 pm, hay poco movimiento. Luego de desvestirme, voy a la barra en donde hay cinco tíos, conversan de todo un poco. 

Doy una vuelta por el cuarto oscuro, me encuentro con un tío mayorcete que está “amamantando” a un crío. El vejete, seguro y con buena verga, pide que me arrodille y coma también de su polla. Muy amable de su parte, por lo cual, sin pensarlo dos veces, me puse de rodillas. Pude ver mejor al crío: unos 22 años, barba cerrada, rapado y con un hambre voraz. Pensé que no compartiría la polla conmigo, pero todo lo contrario, me cedió el rabo del mayorcete mientras él se dedicaba a los cojones y a lamer el culo.  

Estuvimos largo rato compartiendo la polla. De vez en cuando, me daba besos con lengua con el crío. Luego de unos minutos, el mayorcete pidió que nos pusiéramos de pie, él se arrodilló mientras se devoraba las dos pollas. El chaval y yo nos tratamos como amantes. Estuvimos de pie, dando verga al vejete mientras nos comíamos a besos y lamíamos los pezones. Todo con morbo, lentitud y placer.  

El mayorcete se dedicó a lamer el culo del crío, mientras que éste se puso en cuatro patitas mientras me comía la polla. Estábamos jugando y la pasábamos muy bien. A veces, yo alejaba mi verga, dura y erecta de su boca y la dejaba al aire para que la contemplara. En otras ocasiones, era el chaval el que pedía oxígeno y dejaba mi verga al aire.  

El mayorcete había lubricado bien el culete del chaval, el cual fue follado no sin cierta dificultad por el vejete. El vejete era un oso hermoso, de unos 50-55 años de edad, todo lleno de pelos blancos y una polla de tamaño promedio, pero de grosor considerable. En los primeros intentos de folleteo el crio descuidó mi polla porque no paraba de gemir de placer. El oso mayorcete era muy amable, no paraba de preguntar “’¿Te duele? ¿La saco? ¿Estás bien, tío?”. A lo que el chaval solo gemía de placer y podíamos identificar en el gemido que nos decía: “Duele, pero no pares. ¡No te atrevas a sacarla! ¡Rompe el culo!”.   

A nuestro alrededor pasaban los tíos, algunos se quedaban mirando, otros nos ignoraban. En varias ocasiones el osete y yo pedimos que se nos unieran a la fiesta, pero no hubo respuesta favorable. 

“Cosas de la lluvia”, pensé. 

Y decidí dar otra vuelta. 

(Continuará)