miércoles, 29 de julio de 2020

Sauna Spa Azul - Quito, Ecuador - [Parte 2 de 2] Puteando en América




     Como es mi puticostumbre, una vez dentro de la sauna de vapor me senté en la grada superior, coloqué la toalla a modo de cojín, quedé en bolas. Cerré los ojos evitando pensar en el viaje que se aproximaba para la Argentina. Estaba mi mente en blanco cuando sentí el roce de un suave dedo en la punta de mi pie izquierdo. ¡Esto me sorprendió! Me han toqueteado muslos, piernas y a veces directo a la polla, ¿pero un pie? Me pareció extraño y divertido. Abrí un poco los ojos y en medio de la penumbra pude distinguir que a mis pies estaba sentado un oso entre unos 25 y 35 años —vapor y penumbra ocultan edades—, tenía barba cerrada y, como luego comprobé, era un tío muy tímido, dispuesto a mamar y pajear pero cada vez que alguien abría la puta puerta dejaba de otorgar placer y se sentaba como si nada hubiese pasado. En ese sentido, ¡qué dicha es conseguir al macho que con luz u oscuridad, abran o no la puerta, está ahí: chupando polla como si el mundo se fuese acabar! El tío hizo tres intentos de mamadas que eran interrumpidos por su inmensa timidez. Yo le incitaba, tenía la polla morcillona y entre el vapor lo miraba a los ojos como diciendo: “Ven, cariño. Cómete esta polla. Es tuya, de nadie más”. Me cansó rápido la situación. Yo con el tiempo me he vuelto muy exhibicionista que ni os cuento, ya en los últimos tiempos follaba en cualquier parte de Firewood o en la sauna Octopus. Uno con el tiempo pierde la timidez, por lo menos yo.

     Salí a por una ducha de agua fría y, como comenté antes, habían otros tres tíos sentados en el jacuzzi, distintos a los anteriores. De nuevo putivuelta de reconocimiento, el local vacío. Aparecía de vez en cuando un tío asiático que pasó de mi. Al rato aparece un oso de unos cincuenta años y conectó de inmediato con el asiático. Vi que se fueron a por morreo y pezones y desaparecieron en alguna parte en busca de un espacio más íntimo. Vuelvo a la sauna de vapor. Un tío que estaba a mi derecha me mira fijamente la polla. Con la timidez que me caracteriza abro las piernas y sacudo los cojones. El tío mete mi polla en su boca. Mamada suave, con firmeza, pajea lento con placer. El tío era delgado, de marcados rasgos indígenas, nariz aguileña, cuerpo que había pasado por un gimnasio hacia algo de tiempo. Cuando la polla estaba erecta el tío comienza a meter un dedo en mi ojete. Como la mamada era noble me acomodé para que disfrutara de mi culo. Su lengua comenzó a lamer mi culo. ¡Qué buena falta me hacía una lamida de culo! Tuve oportunidad de llevarme la polla del tío a la boca: era dura, curvilínea hacia la derecha. Calculé que esta polla tardaría en entrar a mi culo, ¡venga, que uno se conoce de lo que es capaz el culo de cada uno! También supuse que una vez que estuviese dentro esta polla me causaría enorme placer. Estuvimos un rato en plan de caricias anales y mamadas. Le pedí que me follara, accedió. Le puse goma, unté lubri en ojete y pene ¡pero qué desgracia la mía! ¡Mi orto no colaboraba! Era tal el estrés que tenía entre los preparativos del viaje y el trabajo que mi culo no colaboraba. Decidimos ir a un apartado, a lo mejor en la soledad mi ojete se relajaría.

     El tío salió delante y yo detrás. Lo seguí pero antes, siguiendo mis costumbres me duché de nuevo con agua fría. De nuevo: tres tíos en el jacuzzi distintos a los anteriores y también distintos a los del principio. Al salir de la ducha me dí cuenta que había perdido el rastro del macho de rasgos indígenas. Lo busqué por todos los putirincones de la sauna, cosa que me permitió descubrir un par de habitaciones que desconocía. El macho indígena había desaparecido.

     El hecho que mi precioso inca no apareciese permitió que hiciese un recorrido para llegar a algunas conclusiones: las instalaciones prometían como lugar de puteo, muchas paredes, ventanas y puertas deterioradas, al menos que esa fuese la estética que querían mostrar. La sauna seca tenía tablas de madera rotas. La sauna de vapor estaba bien: limpia y a todo gas. La fauna era variada en edades: abuelos, tíos adultos, osos, osetes, bujarros, maricas y maricones convivían a lo largo de la sauna con homosexuales reprimidos, bicuriosos, heteros en prueba y bisexuales voraces. Las edades oscilaban entre los 18 (edad permitida para entrar) y los 100 años. De hecho, en medio de la búsqueda de mi precioso inca me topé en el cuarto oscuro a un abuelo de casi 200 años que estaba en silla de ruedas y en toalla. Me pidió polla, le di un poco pero me desconcentró la silla de ruedas: ¿cómo subió? Di varias vueltas y no habían rampas para inválidos y menos ascensor.

    Volví al cine y me topé con un vejete australiano, delgado, polla de 22 cms. No perdimos tiempo y nos metimos en un apartado. Mamadas, pajas, yo lo follé, el tío trato de follarme pero mi ojete no colaboraba. Nos corrimos cada quien encima de sí. Fue agradable pero no memorable.

     Ahora tocaba ducha, regresar al hotel y esperar qué encontraría en la Argentina.


miércoles, 15 de julio de 2020

Sauna Spa Azul - Quito, Ecuador - [Parte 1 de 2] Puteando en América





Sauna Spa Azul — también llamada “Bambú” — N° 89-36, Quito, Ecuador.

     La entrada es a través de una puerta de aparcadero. Cuando el negocio está abierto se entra por una pequeña puerta que permanece putidiscretamente abierta. Al pasar, hay una alfombra azul que conecta a la entrada e invita al puteo. Llegas a la entrada, pagas, te dan chancletas, dos toallas, sobres de champú, una barra de jabón y preservativo. Sigues caminando y hay un pequeño bar, pasas esto y en la planta baja hay dos ambientes: uno que semeja a una sala de estar, con muebles de fácil limpiar, baratos pero cómodos, una chimenea que en la parte donde va el fuego está un televisor gigantesco, el control remoto siempre anda por ahí;  al lado de uno de los muebles hay una mesa con un termo de agua con dos grifos: uno de agua caliente, otra fría. Al lado sobres de té y café instantáneo, te puedes servir al gusto. En el mismo espacio hay un pequeño gimnasio con multifuerza y en un lado dos cabinas con compus e internet libre. Pasas todo esto y te encuentras con el vestuario y los casilleros.
     Me cambio, hago la putivuelta de reconocimiento. Subo a la segunda planta en donde hay un lavabo, en el que por cierto, hice una de las cagadas más grandes de mi vida, pensé que me iría por las cañerías. Luego pasé al cine o por lo menos así lo bauticé: un salón con una pantalla con homoporno y dos sofás gigantescos; al lado de estos dos puertas negras que funcionaban como apartados con colchonetas en el piso y almohadas ¡Perfecto para la siesta!, pensé. Al lado del cine estaba un cuarto oscuro, era una habitación grande revestida completamente de madera. Pensé que sería como un laberinto pero nada más alejado de la verdad, era solo una sala oscura revestida de madera. No había bancos, no había donde sentarse, cosa que eché de menos porque como sitio de meditación y de espera para mamar era perfecto. Cuando mamo me gusta estar cómodo, no que sufran mis rodillas. Estuve allí largo rato pero no pasó nada. Nadie entraba.
     Decidí bajar y conocer la zona de saunas. Bajas las escaleras y hacia la derecha hay una pequeña puerta que conduce a las putisaunas, pasas el umbral e inmediatamente queda un urinario a la izquierda y a la derecha un cuarto de baño. Sigues de largo y entras a una gran sala, a la derecha queda el putijacuzzi el cual es alumbrado con luz exterior a través de un opaco tragaluz. El putijacuzzi es muy pequeño, de hecho, el más pequeño que he visto en mi putavida. No me apeteció entrar allí, además, siempre, SIEMPRE que pasaba por ahí habían tres tíos sentados al borde con los pies dentro del jacuzzi. De hecho, creo que tres tíos no cabían completo dentro del jacuzzi. Cada vez los tres tíos eran distintos pero la constante era la trinidad, siempre tres: homo, hétero y bi . Cerca quedaban tres duchas pero solo funcionaba una. Al lado de las duchas una puerta que era la sauna seca. Entré allí, espacio pequeño para mi gusto pero en el que un vejete de setenta años me comió la polla largo rato. Salí, después de esa incursión entré varias veces pero salvo un oso calvo de unos sesenta años a quien también dí de mamar, no hubo mayor acción. El oso al verme entrar me dijo “A sudar, a sudar, que el mundo se va acabar”. Le dije parco y seco: “Vale”. Me increpó: “¡Español! ¿De qué parte?”. De Madrid, le dije. “Ah, español de verdad, no como los vascos”. Y pues bueno, que los líos de territorios también se conocen en otras partes. No le contesté. Al día siguiente salía mi vuelo a la Argentina y no quise gastar energía.
     El calor de la sauna seca estaba a todo gas, salí de inmediato hacia la sauna de vapor, era pequeña, me gustó. La puerta tenía un cristal opaco que permitía la entrada de una luz azul índigo mortecina. La sauna tenía dos gradas que permitían al que deseaba ser mamado estar en la parte superior, y el que deseaba mamar podía estar sentado cómodamente. Yo subí al nivel superior. Conté que eramos unos cinco maricones en medio del vapor. Dos estaban a un lado de mí en intercambio de pajas. Junto a mí yacía acostado un tío desnudo y a mis pies se sentó un osete que en medio de la penumbra no quitaba sus ojos de mi polla. Decidí cerrar los ojos, relajarme, abrir mis piernas y entonces, empezaron las caricias.

jueves, 2 de julio de 2020

Un post sin título, perdido en la memoria




Había ido a la sauna Center, tenía tiempo sin ir y me apetecía disfrutar de la sauna y de la posibilidad de alguna follada.

Después de pagar la entrada, pasar a los casilleros y la ducha respectiva, voy a la la sauna de vapor, en medio de la penumbra estaba un tío empotrando a otro mientras, que el follado devoraba polla de un tercer tío.

La tarde prometía.

Decido a relajarme, tomo asiento y cerré los ojos para disfrutar del calor, del vapor, del sudor y más adelante correría la suerte de estar en plan activo o pasivo.

Al cabo de un tiempo, un tío sin mi permiso comenzó a jugar con mi polla, yo abrí los ojos y divisé un oso de características y edad indefinida, efecto del vapor se veía guapo. Me dejé hacer. Me puse cómodo, abrí las piernas, comenzó con una lenta mamada, saliva e intensa paja. No había duda, el tío sabía mamar. Yo estaba empalmado en proporciones como no hacía tiempo pasaba. El tío dedicaba tiempo para lamer mis cojones con la intensidad suficiente para mantener la excitación, hacer presión y no sentir dolor. Me ha pasado en muchas ocasiones que me topo con machos que les encanta morder y chupar bolas pero terminan haciendo daño. Éste tío no, sabía acariciar y controlar el nivel de presión entre sus manos, su boca y mi polla, también lamía y mordía mis pezones con la justa presión para no  hacer daño y otorgar placer.

Al cabo de un rato, se sentó junto a mi otro tío, pequeño en tamaño, contextura gruesa y al parecer cuerpo trabajado en el gimnasio, polla pequeña, muy pequeña para mi gusto. Con aire macarra esperaba que el oso le comiese la polla. En lo personal me incomodó la situación, porque ni el oso ni yo lo habíamos invitado a la comida y suele suceder que, cuando alguien se aparece así, el tío que está en plan de mamar se corta y se va. Sin embargo, con magistral sorpresa eso no sucedió, el oso asumió con beneplácito la posibilidad de comer ambas pollas, así que, mientras se comía una pajeaba con cariño y suavidad otra. No tengo idea de cuánto tiempo estuvo en ese plan, mama-que-mama, pajea-que-pajea. El tío pequeño que estaba a mi lado no hizo más nada, solo dejarse mamar. Yo traté de incentivarlo a un juego más activo entre él y yo, quizás algunas lamidas de pezones o si me excitaba hasta morrear un rato, hice el clásico intento de colocar mi mano sobre su muslo, con delicadeza, suavidad y casi con indiferencia a ver cómo reaccionaba. Pues el tío pequeñín no estaba muy dispuesto a colaborar y me quitó la mano, por lo menos fue cortés y no fue ni dramático ni grosero.

 * * *

¡Qué pena! ¡Este post lo había comenzado a escribir antes de la pandemia! Era un borrador y he olvidado que pasó después. A veces me ayudan las etiquetas, el sitio, las estaciones, pero he sentido tanta nostalgia de salir a putear durante la pandemia que mi mente literalmente borró la escena.

Aquí os dejo estas palabras al viento... o al vapor.

jueves, 18 de junio de 2020

Primera orgía pública [Parte 2 de 2]

    

    Como os había contado, don Miguel sacó la polla del moreno Rafa y jugaba con ella, la chupaba con o sin dientes, pajeaba, lamía cojones, pasaba lengua y dedos por glande y uretra. Rafa tan solo estaba ahí, se dejaba hacer, estaba ido, era un cuerpo con una jugosa polla.
    Por mi lado, don Rubén me había quitado los pantalones y estaba, al igual que su follamigo mama que mama, con la diferencia que don Rubén distribuyó mamadas de polla con lamidas de culo y... ¡sin pedir permiso se untó el dedo de lubricante y lo metió en mi culo! ¡Vejetes pervertidos que se les ocurre la idea de organizar juegos sexuales con tíos más jóvenes! ¡Ojalá cuando yo sea viejo haga estas cosas! Tuve curiosidad de sentir, luego, pase a la preocupación. La escena era de peliporno, estaba excitado y mis miedos radicaban ahora en que me corriese pronto; ya en aquel entonces conocía mi polla: si me corría tardaría unos treinta minutos en recuperar fuerzas y la noche prometía.
    No recuerdo cómo, el paso del tiempo es inexorable con la memoria, solo sé que de pronto éramos cuatro tíos de pie, en medio de la sala, magreándonos mutuamente. Pude catar las tres pollas: mi favorita en textura, fuerza y virilidad era la de Rafa, buen sabor, buen color, polla digna de ser modelo de dildos. La polla de don Miguel era de tamaño normal, pero firme, un tanto lechosa y a su manera apetitosa, dura para un señor de su edad. La polla de don Rubén ¡era la primera vez que la probaba y contemplaba! Era gruesa, siempre morcilla, nunca estuvo erecta, a pesar que pajeé y mamé con templanza. 
    Hubo muchas puticaricias, pero después de todo fui el centro de la follada. ¡Bendito sea el Señor por semejante placer y deleite!  Me colocaron patitas al aire, culo lubricado. El primero en follarme fue Rafa. Como os comentaba, yo estaba con el corazón en la garganta de los nervios, emocionado y excitado. Había tenido la oportunidad de estar en otras orgías en la sala X, pero esta era la primera vez que follaba con buena luz, a la vista de todos ¡Y cómo mola! La polla de Rafa costó que entrara, una vez dentro fue placer puro, el tío, quien nunca hizo contacto visual con nadie follaba con suavidad, medía cada centrímetro dentro de mí, lo exploraba con su polla para que yo tuviese confianza para cuando entrase con fuerza. Don Rubén se puso en cuatro patitas a mi lado y me comía la boca. Rafa salió de mi ojete, se cambió la goma —chico higiénico— y se puso una nueva para follar a don Rubén. Yo seguía con patitas al aire y don Miguel vino a por mi ojete. Su polla entró sin problemas. Al rato Rafa vuelve a follarme y en ese interín don Miguel se folla al Rafa, mientras tanto, don Rubén me daba su polla en mi boca que si bien estaba siempre morcillona en medio de tanto sudor y lubri era placentero poder mamar. ¡Una divertida orgía!
    En los tríos hay una serie de características: yo, como pasivo absoluto tenía que disfrutar y facilitar que el tío del medio, Rafa como activo-pasivo tuviese su espacio para follar con calma. Difícil, a mi parecer, lo tiene el activo absoluto, quien debe colocarse a una distancia en la que pueda follar al tío del medio y que a la vez le otorgue movilidad para que tenga ritmo.
     ¡Me corrí sin tocarme! ¡Era la segunda o tercera vez en mi vida que sucedía y lo disfruté! Los otros siguieron con su dale que te pego. No recuerdo mucho más. Me di una ducha y decidí regresar a casa. Cuando salí del baño Rafa y don Miguel estaban descansando, abrazados. Don Miguel lo besaba y lo acariciaba por todas partes, el moreno permanecía indiferente, dejándose hacer. Don Rubén estaba en bolas haciendo café negro, se indignó cuando le dije que me iba. Me dijo que el búho tardaría casi dos horas en pasar y que moriría de frío, era invierno, 2:33 AM, temperatura de  -10° C, vientos de 72 Kms/h., que me quedara, ¡joder! Charlamos un rato, luego me acosté en la habitación con don Rubén quien me desvistió, me pidió mamar, luego lo follé sobre la cama a cuatro patas.
     Dormí profundo.
     En la mañana me despertó otra mamada del vejete, lo volví a follar.
     Desayunamos solos los dos viejos y yo. Allí descubrí que el Rafa era un chapero que don Miguel frecuentaba y que lo llevaba al Cooper con frecuencia.
     ¿Dónde estarán don Miguel y don Rubén? Según mis cálculos deberían estar por los noventa años. ¿Habrán muerto en esta ola pandémica? ¿El Rafa seguirá de chapero?
     Cosas que uno recuerda en medio de la pandemia. 

                                                       Recuerdos de cuando me reventaban el culo.




jueves, 4 de junio de 2020

Primera orgía pública [Parte 1 de 2]


   


      Esto pasó en Madrid, entre 1990 y 91.
    Quizás el encierro, la pandemia y las muertes a nuestro alrededor me hicieron recordar a don Rubén. Un tío que conocí a inicios de los años noventa y que frecuentaba el Cine Duque de Alba. Yo tenía unos veinte años y estaba en clases en la universidad, tenía una novia con la que follaba una vez cada dos meses, era una relación extraña: no había amor, ni amistad profunda, no compartíamos casi nada en común, pero tampoco nos la llevábamos mal, funcionaba y listo. El sexo era algo secundario en una edad que no lo es para nadie, sexo mecánico que no venía mal. Yo satisfacía mis ganas homo con incursiones furtivas y discontinuas a la Sala X en donde, como siempre, a veces salía satisfecho, otras veces apenas una paja. En aquel entonces me consideraba 90% hetero y 10% bi, con el tiempo uno madura y se da cuenta que si te gusta la carne de cordero y el pescado pues puedes comer de ambas si se te antoja. 
     En el Duque de Alba follé en varias ocasiones a don Rubén, quien para la época era un señor mayor. Él me descubría en las tinieblas del gallinero, se acercaba, miraba con vicio, se sentaba en silencio junto a mí, caricia en la pierna, toqueteo de polla con pantalón, abría la bragueta y ¡zas! Engullía mi polla que a veces estaba morcillosa, otras veces lista para romper ojetes. A Don Rubén lo follaba en el baño y fue así como nos hicimos habituales. Quiero decir, cuando coincidíamos en el cine nos íbamos directo al baño, el tío comía mi polla y luego me ofrecía el culo, culo de vejete pero en el cual mi polla entraba con facilidad. Esto se convirtió en rutina cada vez que coincidíamos.
     Después de varias incursiones al baño con don Rubén, el tío decidió que era hora de dar un paso más allá, momento de cambias la rutina, me invitó a su casa en una fría noche de invierno. Vivía muy lejos, cerca de la estación de Cercanias de Tres Cantos. Nos encontramos en la plaza Tirso de Molina y de allí, cogimos metro y Renfe para llegar a su piso. Vivía con su esposa, una señora de también cierta edad pero que lo había dejado solo esta semana porque fue a visitar a la hija y a la nieta en Zaragoza. Me ha pasado que los vejetes son más putas cuando la parienta está lejos de casa. Era un piso con una sala gigantesca pero tan solo con una habitación. Me dijo que vendrían unos amigos y supuse que el vejete quería caña y se armaría alguna orgía, cosa que efectivamente pasó.
    Al rato llegaron don Miguel, un vejete como de la edad de don Rubén, es decir, alrededor de los sesenta y cinco años. Vejete de mucha energía, don Miguel era más afeminado y marica que don Rubén, él lo sabía y lo disfrutaba. Me enteré que don Miguel era el follamigo de don Rubén y, cuando éste se quedaba solo, como al parecer sucedía dos o tres veces por año, don Miguel era el llamado a llenar el espacio vacío que dejaba la mujer de don Rubén. Don Miguel ejercía un rol activo y de vez en cuando acompañaba a don Rubén al Cine Duque de Alba, aunque la verdad, que yo recuerde, jamás me lo había tropezado. Don Rubén dejaba el sofá de la sala con almohadas y colchas por si llegaba de improviso su mujer, pero en verdad los dos vejetes follaban como cerdos en la cama matrimonial, siendo don Rubén hembra en cuerpo y alma. Don Miguel vino acompañado de un tío moreno, con un cuerpazo esculpido de gym. Era un dominicano o un cubano, cabeza rapada, barba cerrada, muy cachas y casi no decía nada. Nos instalamos en la sala a tomar unas cubatas y romper el hielo. Don Miguel y el dominicano, que se llamaba Rafa, estaban sentados juntos, frente a nosotros, magreándose descaradamente; como podéis suponer, yo estaba sentado junto a don Rubén, quien me daba besos maricones en los mofletes, una mano sobaba mi espalda y de vez en cuando se quedaba viendo al dúo frente a nosotros. Yo estaba muy nervioso, era la primera vez que estaba en casa de un desconocido, con dos tíos que jamás había visto antes en plan de follar, mamar o lo que saliese. Estuve a punto de decirle a don Rubén que me marchaba, cuando justo en ese momento, don Miguel sacó del pantalón de Rafa una extraordinaria polla, grande, larga, cabezona, con ramificaciones de venas por todas partes. Una polla que, si bien no puedo tildar de monstruosa, era descomunal y era sorprendente ver como don Miguel luchaba contra sí mismo para tragarse cada centímetro de esa enorme polla.
     Mi miedo paso a convertirse en curiosidad. Mi gula en lujuria. Si alguna vez mi culo comenzó a lubricar fue ese día.

jueves, 28 de mayo de 2020

Sauna Sodome - México DF - Puteando en América -




En México apenas estaría una semana y como había pasado en Chile, la agenda de trabajo estaba a tope. No quería perder tiempo con las apps y fui a la Sauna (¿o club de sexo?) Sodome, ubicado en la Colonia Anzures, Mariano Escobedo 716. En su página web indica que es un sitio para gente joven que esculpe su cuerpo en gimnasio.

Llegué un día jueves sobre las 12 pm. Apenas habían abierto; sin embargo, no eramos más de tres los tíos que estabamos allí. Los otros dos debían estar en algún apartado porque no había rastro de ellos por ninguna parte. Recorrí el local y prometía como sitio de vicio. Espacios y recovecos para todos los gustos, zona de sling, cuarto oscuro, pasillos que permiten el roce y un área de bar. Me llamó la atención un puticuarto de espuma ¡asimismo como leéis, de espuma! En algunas fiestas del Orgullo Gay en Madrid me he metido en esas bacanales de espuma pero yo nunca termino de putiligar allí, por lo que no entré. Todo estaba desolado. Estuve una hora sin hacer nada, tan solo iba de aquí para allá en unas vueltas tontas, no merecía el apelativo de 'putivuelta', a ese nivel de soledad estaba. Me sorprendió el vacio para see una ciudad de casi treinta millones de habitantes. Me dije a mi mismo: 'tío, es hoy uno de esos días'. Es decir, quizás no habría nada de 'aquello'. Me tocó relajarme al máximo y disfrutar de las instalaciones que estaban en buen estado.

Después de casi una hora en el bar comienzan a aparecer tíos. Nada del otro mundo. Todos muy mexicanos con actitud de 'macho latino'. Me doy cuenta que comienzo a ser el centro de atracción y van repitiendose los tíos que pasan y se me quedan viendo. Ni ellos, ni yo tomamos la iniciativa de hacer algo. Son solo miradas que no llegan a 'putimiradas'. Decido entrar a la sauna de vapor y no hay nadie. Me quedo solo y al rato entra un tío que se sienta justo a mi lado. Yo cierro los ojos y toco mi paquete sobre la toalla. siento que el tío se viene sobre mi polla, me quita la toalla lo suficiente para que mi polla aparezca y se dedica a mamar. Tiene talento el maromo. Posee una barba larga y cada cierto tiempo restrega su barba en mi glande. ¡Qué gusto me da! El tío también se lo está disfrutando. Me ha dado una mamada en los cojones sin descuidar mi capullo. Yo abro las piernas y quedo en la clásica posición en que invito a jugar con mi polla y también a que exploren mi culo, debe ser una posición instintiva en los bisexuales-hombre o en los gay-versátiles, no lo sé.

El tío pasa de exploraciones anales y salvo una lamida de ojete se dedica con cariño a mi polla. Creía yo que me iba a correr pronto pero nada más alejado de eso, por el control que el tío tenía sobre mi polla logra controlar una posible eyaculación. Suele suceder que a veces no me corro, mi polla se mantiene dura y el tío que se dedica a la fellatio me pide que lo folle o por el contrario se aburre y se marcha. Dispuesto estaba yo a lo primero, pero aconteció lo segundo. El tío se marcho, quizás cansado de la postura de mamar, de su quijada aunque lo más probable es que fuese el calor. Al cabo de un rato el tío volvió. Siguió con la mamada y cambiamos de roles. Llevé su polla de tamaño estándar a mi boca, era de capullo pequeño pero suculento  curvada hacia la derecha. De vez en cuando me dedicaba a pajearlo mientras le lamía los pezones. Creo que le mordí muy fuerte porque el tío me pidió que no lo hiciera,  quizás era un hétero-casado y temía que le pudiese dejar magulladuras en sus pezones. Al tío pareció darle calor porque se marchó sin decir nada.

En medio de la soledad pensé en matarme con una paja y aniquilar el día de sauna pero opté por una ducha de agua fría.

Fui al bar y me tomé dos cervezas. En lo particular me pareció que los tíos estaban muy tímidos y no hubo oportunidad de conversar un rato para conocer la movida gay en México DF, que me habían comentado que era intensa. Como los machos no conversaban entre sí y todo lo que yo preguntaba me lo resppondían con monosílabos volví a la sauna de vapor. ¿Será que soy un extranjero "pinche culero de mierda" y por eso no me tratan? Lo pensé una vez, pero no lo creo. En todo el mundo gay que yo he vivido no he presenciado actos xenófobos y lo único racista que he visto es cuando hay un negro en la sauna y todos lo quieren para ellos.

En la sauna de vapor cerré los ojos y comencé a darle a la zambomba. Habían unos seis o siete tíos. Al cabo de un rato eramos tres tíos sentados uno al lado del otro, yo estaba en una de las puntas. En medio de la penumbra observé que los tres estábamos en lo mismo. ¡Vaya!, pensé, ¡todos activos! Supuse que esperabamos a que alguno tomara la iniciativa y se dedicara a mamar o a pajear a su compañero. Yo no quise tomar la iniciativa. Me apetecía follar. Al cabo de un rato, entran dos tíos y uno de ellos, de manera descarada le coloca su polla al tío que estaba en el centro. Éste se llevó la polla del tío que parecía alto y comenzó una mamada que se disfrutaba. El otro tío, que había entrado junto con el tío largo, se arrodilló y se dedicó a lamer el ojete del tío largo. ¡Hasta que por fin había acción! ¡Y qué acción!

Pasaron muchas cosas. Mamadas fueron y vinieron. Me pajearon y pajeé. No recuerdo la cantidad de posiciones que hicimos pero puedo resumir dos: en una ocasión el tío del centro se dedicó a mamar al tío largo; el tío largo era follado -creo que sin goma- por el tío que entró con él. El tío que estaba sentado a la derecha del tío del centro se la mamó al tío del centro. Yo me coloqué de pie donde estaba sentado y le dí de mamar al tío largo y al tío que se lo follaba a la vez. ¡Dos mexicanos comiendo de mi polla! ¡Uno era follado y otro lo follaba! Luego, no recuerdo como pasaron las cosas y el tío largo terminó en cuatro patitas mamando al tío del centro mientras yo me lo follaba con una goma. El tío que había entrado con el largo se dedicó a darle de mamar al tío que estaba a la derecha del tío del centro.

No ví que nadie se corriera, estaba oscuro y no escuché los gemidos de placer. No sé como, pero terminamos el tío del centro y yo solos. Él estaba detrás de mí mientras me trabajaba como hacía tiempo no lo hacían mis pezones. Varias veces le llevé las manos a mi polla y a mi culete pero al tío solo le iba mis pezones. ¡Qué caricias! ¡Qué gusto! ¡Cuánta intensidad me daba! El tío era docto en caricias de pechos. Supuse que no iba a por mi polla porque me había visto follar al tío largo y no quería oler o de gustar sabores de culo y goma. Estuvimos así poco tiempo, que para mí era una eternidad. De la nada salió un osete que le dio de mamar al tío del centro y éste, sin descuidar mis pezones se dedicó a la mamada al oso. Yo ví la escena en primer plano y me causó placer. Así que me corrí allí mismo con una paja. No ví la leche pero sentí que fue abundante.

Puedo decir que "¡Viva México, cabrones!"

jueves, 21 de mayo de 2020

Modo zorra





Cuando salgamos de la cuarentena me voy de puteopasivo. No sé si abrirán Firewood o Attack, pero la primera vez que vaya colocaré en mi culo lubri hasta el esófago, dispuesto a que me follen, me den caña, el único requisito será goma y más lubri.

Ahora entiendo las tantas veces fantasías de Perro de echarse en un sling y dejarse hacer. Yo me considero más activo que pasivo, pero esta cuarentena me tiene hasta los cojones.

No me debo quejar de mi vida heterosexual en cuarentena, pues la mitad de la misma, la Montse se ha instalado a vivir conmigo. La tía ha mejorado en mamadas, ya no usa los dientes, le gusta lamer los huevos, hace contacto visual con mi polla en su boca. La tía ha mejorado en el arte de las pajas: ya no pajea de manera arrítmica y descontrolada, ahora sabe medir si vale la pena dar caña o, por el contrario, con suavidad y firmeza. Poco a poco supera la repulsión de la lefa, me he corrido en su cara unas seis veces y una sola en la boca, que si bien a la tía no le gusta, dijo estar dispuesta a practicar. Lo intentamos unas tres veces más y prefiere que me corra en su cara y ella mantener la boca cerrada. Supongo que no todo es posible.

En definitiva: que necesito que me den a por culo, que quiero catar pollas, necesito ver y sentir la lefa de siete machos.

¡Qué estoy en modo zorra!

Ya falta menos.